martes, septiembre 29, 2009

Versiones contra la crisis

Resulta curioso comprobar cómo reacciona la industria discográfica ante la crisis, ante el hecho de que la gente se baje la música de la red. En lugar de apostar por formatos más acordes al coste de producción de los discos, sacan un trabajo al mercado, tú te lo compras, y a los pocos meses te publican una reeedición con miles de extras. Ante eso, tú te sientes como un idiota por no haber esperado, porque no te vas a comprar el mismo disco dos veces... Soy de los que se compra discos (los que realmente me interesan) porque me gusta leer los créditos, saber quién ha tocado en este tema o en este otro... Vamos, que soy de la vieja escuela aunque use la red para acceder a grupos a los que, de otro modo, nunca llegaría. O para acceder a discos descatalogados que, en su momento, me gustaron mucho, pero que se quedaron en el cajón del olvido con su formato cassette. Lo que realmente me gusta es tener el disco entre las manos, pero insisto en que el asunto de las reediciones hace que uno se plantee mucho las cosas, más que nada para intentar evitar que te tomen el pelo.
Pero lo que realmente choca es la tendencia de las discográficas a publicar, de un tiempo a esta parte, discos de versiones. No es que me desagrade especialmente el asunto, ya que todo artista tiene sus influencias y es humano que las saque a la luz (en los conciertos es algo habitual desde tiempos muy remotos), pero en los últimos meses la cosa se ha masificado... Pedro Guerra, por ejemplo, se ha lanzado a grabar, con el único apoyo de su guitarra, el cancionero que le marcó cuando era más pequeño. Suena bonito porque Pedro canta bonito, pero tampoco es una fórmula nueva. Su coetáneo Javier Álvarez, gran tío por cierto, lo hizo hace un tiempo, aunque en el repertorio revisitado por el madrileño el abanico era más amplio, desde U2 a Jeannette pasando por, pásmense, el himno de la legión. Pero no es el único caso de artistas reconvertidos a intérpretes de versiones. Sole Giménez, Pasión Vega o Luz Casal son tres grandes voces, cuyas últimas entregas discográficas son discos de versiones. Danza Invisible, en su regreso seis años después, ha optado por adaptar clásicos del rock al castellano. Una fórmula que, por ejemplo, ya emplearon hace un tiempo los hermanos Auserón en Las Malas Lenguas. Seguridad Social trata de volver al primer plano con un disco, "Clásicos del futuro", irregular, repleto de versiones. Tanto las que grabaron en los últimos años (Pink Floyd, Tequila, Hombres G, Toquinho, Nino Bravo o Miguel Ríos, por ejemplo) como las que han registrado para este disco. He puesto media docena de ejemplos de esta tendencia, pero seguro que vendrán más. Porque los discos recientes que no son de versiones son trabajos en directo, como el de Amaral, o apuestas seguras como la de Fito y Fitipaldis. Ante la crisis, la industria, en plena caída libre, ha optado por el riesgo cero, teórico al menos, de indagar en el cancionero ya conocido en lugar de apostar por nuevas fórmulas. Habrá que ver el resultado...

1 comentarios:

Manu dijo...

Es que en la industria hay mucho jeta. Lo que han conseguido es que cuando sale una novedad que me interesa ya no me la compro, me lo descargo de Internet y después espero unos meses a la reedición del disco con los extras como el DVD y demás. Además, de los 16 euros que vale nada más salir, al cabo de 3 meses ya solo cuesta 10 y al cabo de 5 meses lo puedes encontrar por 5 euros en las grandes superficies.
Que la piratería está matando la venta de música es una verdad a medias, pero la puntilla se la está clavando la industria discográfica.

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