
Año nuevo, vida nueva, dicen los que cada 1 de enero tratan de enmendar la plana y cambiar lo que no les gusta en su existencia. Desde un lejano 11 de noviembre de 2010 no actualizaba este pequeño rincón. La última vez que escribí aproveché para celebrar el primer aniversario de "Conversaciones de pop & rock". Echando la vista atrás, analizando el tiempo que ha pasado desde entonces, me da un poco de vértigo, incluso. Mucho han cambiado las cosas desde entonces. Y como suele ocurrir siempre en la vida, no todas para bien. Desde mi última visita a este blog, que he tenido abandonado más tiempo del que hubiera querido, hemos visto un cambio de Gobierno, miles de referencias a la crisis y a los recortes, un movimiento de repulsa hacia la clase política que yo, al menos, no recordaba... Eso daría para otro artículo que prometo no tardar en escribir... Pero a lo que vamos, en lo personal también he dado unos cuantos bandazos, laborales y no laborales, pero sobre todo ha habido un cambio en mi vida que, evidentemente, ha condicionado todo lo demás. Y ese sí ha sido para bien.
Hablo del nacimiento de mi pequeña Ainhoa. De mi princesa. Desde su llegada, todo ha sido distinto, pero ahora trato de recordar cómo era la vida sin ella y, simplemente, no puedo hacerlo. Tampoco puedo concebir despertarme sin que esté esperando, con su sonrisa, a que lleguemos a darle un beso. No quiero ponerme cursi, porque entre otras cosas no soy el único, ni seré el último, en experimentar esa sensación. También sé que los que no han pasado por esa fase pueden pensar, con razón, que los padres somos cansinos hasta el extremo, siempre hablando de lo mismo, como si no hubiera otra cosa en la que pensar. Como si el mundo no tuviera problemas, como si el espíritu crítico hubiera desaparecido con la llegada a ese mismo mundo de esa personita que ocupa todo el tiempo de quien la ve crecer.
No se trata de eso. El espíritu crítico sigue ahí, y trataré de darle rienda suelta siempre que pueda. No es que uno haya perdido capacidad de analizar el mundo que le rodea. Es sólo que ese mundo, desde hace un tiempo, tiene forma de biberón. Al menos, el epicentro que rodea a mi universo. Como les pasa a muchos otros. Vuelvo mucho tiempo después, con ganas de quedarme, de darle continuidad a mis escritos. De momento, dejo este, a modo de inicio de una nueva etapa... mucho tiempo después.



